
Feldman defendió el proyecto en Península de Magallanes: “No dejemos que estas inversiones se nos escapen”
Señal Calafate
El debate por el desarrollo turístico proyectado en la Península de Magallanes sumó una voz favorable desde el sector privado de El Calafate. Daniel Feldman, empresario con una extensa trayectoria vinculada al turismo local, hizo llegar a Señal Calafate una carta en la que expresa su posición sobre la controversia de las últimas semanas.
Feldman lleva décadas relacionado con la actividad turística y actualmente integra la comisión directiva de la Asociación Argentina de Agencias de Viajes y Turismo (AAAVyT) de El Calafate. Su actividad está vinculada, entre otros rubros, al transporte turístico y el alojamiento.
En su escrito aclara desde el comienzo que habla como alguien involucrado en el turismo local “hace casi cuarenta años” y “con mis intereses a la vista”.
Su posición contrasta con los cuestionamientos expresados durante los últimos días por otras entidades y actores de la comunidad. Feldman sostiene que la existencia de un área protegida no debería impedir un desarrollo turístico regulado y cuestiona que, durante más de tres décadas, la Península haya tenido escaso uso público e infraestructura para que residentes y visitantes puedan conocerla.
También considera que inversiones turísticas de baja densidad pueden convivir con la conservación y utiliza como ejemplos establecimientos existentes en Torres del Paine y otros destinos argentinos.
Uno de los principales argumentos de Feldman es económico y turístico. Plantea que una inversión de gran escala podría generar empleo, demanda para excursiones, gastronomía, transporte y otros servicios locales, además de contribuir a la promoción internacional del destino.
Otro eje es la estacionalidad, uno de los históricos desafíos de El Calafate. En ese sentido, sostiene que el desarrollo de actividades de nieve podría ayudar a generar movimiento durante el invierno y menciona como referencia otros destinos cordilleranos argentinos que cuentan con centros de esquí.
Feldman también cuestiona a quienes rechazan el proyecto y considera que El Calafate no debería dejar pasar inversiones de esta magnitud. “Un destino que quiere crecer y superarse no le teme a la inversión de calidad”, afirma hacia el final de su escrito.
Algunos de los planteos de la carta —como sus interpretaciones sobre antecedentes judiciales, impacto ambiental o los efectos económicos que podría generar el emprendimiento— corresponden a la opinión del empresario. Señal Calafate reproduce a continuación el texto completo que hizo llegar al medio.
La carta completa de Daniel Feldman
“Península de Magallanes, otra vez…”
Lo siguiente lo expreso como alguien involucrado en el turismo de El Calafate hace casi cuarenta años, con mis intereses a la vista.
El Perito Moreno donó en 1903 las primeras tierras para crear los parques nacionales "para el mejor provecho de las generaciones PRESENTES y futuras", el principio que fundó la conservación argentina.
La Península de Magallanes es un área protegida provincial, erguida sobre tierras privadas en 1993, y en más de 30 años nunca cumplió lo mínimo de un área protegida: sin senderos habilitados, sin infraestructura, sin población local que la conozca, sin guarda-parques provinciales que la resguarden, sin una generación presente que haya podido gozarla. Y si en tres décadas no hubo ni voluntad ni presupuesto, al punto que la CSJN falló recientemente declarando inconstitucionales las restricciones ambientales de la provincia y ordenó dictar el Plan de Manejo, cabe preguntarse: ¿cuánto de ese cuidado es real y cuánto es discurso?
En el movimiento ambientalista se dice que no se ama lo que no se conoce, y por lo tanto, no se cuida lo desconocido. La gran mayoría de quienes hoy opinan sobre la Península nunca la pisaron ni recorrieron, y hasta casi desconocen que sea propiedad privada. Eso deja algo a la vista: lo que en el fondo se está defendiendo no es la naturaleza, es que El Calafate se cree un destino intocable e irremplazable, escudado en un cuidado ambiental que en 30 años nunca se practicó como tal, y con todo respeto, no es una actitud moral esta.
Tampoco es un santuario virgen: durante décadas hubo aserraderos trabajando sus bosques, y todavía hoy queda ahí, abandonado sobre un sendero de ski de travesía, un viejo tractor sobre orugas de esa operación forestal. El misticismo del "impacto ambiental" se cae solo: una operación turística de baja densidad y un hotel puntual son objetivamente menos invasivos que décadas de tala industrial.
Para citar ejemplos, dentro y alrededor del Parque Nacional Torres del Paine funcionan hace décadas hoteles carísimos, y Puerto Natales tiene una excelente ocupación y crecimiento constante sin que eso afecte su desempeño; por el contrario, esos hoteles contribuyen a traer un público que de lo contrario no llegaría a la zona. Además, sus guías, transportistas y proveedores logran hacer su temporada gracias a esas inversiones, que no están necesariamente en Puerto Natales. Se ha demostrado un contundente éxito, y esto mismo pasa en otros destinos argentinos: Bariloche con el Hotel Llao Llao, Villa La Angostura con Las Balsas, Ushuaia con el Arakur, pasa con los viñedos de Mendoza, Salta, etc, etc.
Además hay un desafío adicional: la estacionalidad. En áreas de montaña con presencia de nieve, solo se rompe con el ski. Única actividad donde el pasajero disfruta del clima más adverso. No es casualidad que Bariloche, Ushuaia, San Martín de los Andes y Villa La Angostura, todos centros de ski, sean justamente los que logran romper la temporada baja, y casualmente Natales y Paine también padecen la baja en invierno porque carecen de ski.
Un inversor con el capital que la provincia ha informado seguramente piensa a largo plazo, y la estacionalidad será un problema que intentará mitigar, pero sería un jugador de peso que puede ayudarnos con ello, además de traccionar más vuelos y otras acciones. Estos jugadores además suelen hacer sus propias campañas para traer a su público, y eso genera un derrame que Calafate no debería dejar escapar: más contratación de personal, más excursiones vendidas, más comidas servidas. Ese público llega gracias a ellos, no en su contra.
Ya hemos echado de Calafate al andorrano que quería poner una pista de ski de excelencia. ¿No aprendimos nada, y otra vez estamos escuchando el mismo discurso de siempre, de los mismos actores de siempre, frenando el progreso? ¿Tan poco creemos en lo afianzado que es Calafate hoy en día?
Un destino que quiere crecer y superarse no le teme a la inversión de calidad. No dejemos que estas inversiones se nos escapen.


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