
Cueva de las Manos: el paisaje que completa una historia de miles de años
Señal Calafate
Cada año, miles de personas recorren cientos de kilómetros para conocer Cueva de las Manos, uno de los sitios arqueológicos más importantes de América y Patrimonio Mundial de la UNESCO. Sin embargo, detrás de las célebres siluetas de manos y escenas pintadas sobre la roca existe una historia mucho más amplia que la que suele reflejarse en las fotografías.
La última temporada volvió a confirmar el interés que despierta este sitio único. Según explicó el director del Parque Provincial Cueva de las Manos, Ricardo Vázquez, unas 15.000 personas visitaron el lugar, manteniéndose cifras similares a las de años anteriores y con una presencia equilibrada entre turistas nacionales y extranjeros.
Pero para comprender la verdadera dimensión de este patrimonio es necesario mirar más allá de las paredes pintadas.
Una comunidad mucho más grande que la cueva
Cueva de las Manos es apenas una pieza de un conjunto arqueológico mucho mayor.
“Son 14 sitios que conforman una comunidad arqueológica, donde la importancia no está solamente en la cueva o en la arquitectura, sino en todo un paisaje y un entorno”, explica Vázquez.
Décadas de investigaciones permitieron comprender que Cueva de las Manos funciona como un sitio núcleo dentro de la cuenca del río Pinturas, articulando una red de espacios utilizados por las poblaciones que habitaron la región durante miles de años.
Para describirlo, Vázquez utiliza una comparación sencilla: “Cueva de las Manos es como una localidad actual, pero milenaria. En lugar de calles y edificios, lo que permanece son aleros, cañadones y sitios arqueológicos”.
Esa red de lugares permite reconstruir cómo se organizaban y desplazaban las comunidades cazadoras-recolectoras que ocuparon este territorio.
Además, destaca que en la cueva principal se encuentran representadas todas las manifestaciones rupestres presentes en la comarca. Esa particularidad la convierte en una especie de centro de interpretación natural desde donde puede leerse una historia mucho más extensa que la de un único sitio arqueológico.
El paisaje también forma parte del mensaje
Para Vázquez, la importancia de Cueva de las Manos no reside únicamente en las pinturas.
“La importancia no está solo en la cueva arqueológica, sino también en el paisaje y en el entorno”, sostiene.
Y no se trata de una metáfora. Muchas de las escenas plasmadas sobre la roca están directamente vinculadas con el ambiente que rodea al sitio.

De hecho, hacia el final de la visita guiada, las pinturas parecen proyectarse sobre el paisaje real. Desde los miradores puede reconocerse en el cañadón parte del mismo escenario que aparece representado en las paredes: los accidentes geográficos, los senderos naturales y el territorio donde se desarrollaba la vida cotidiana de aquellos grupos humanos.
Los senderos, cañadones y puntos panorámicos permiten comprender el contexto en el que fueron creadas esas manifestaciones artísticas hace miles de años.
Esa estrecha relación entre arte rupestre y paisaje es, según Vázquez, uno de los aspectos que distingue a Cueva de las Manos de otros grandes sitios arqueológicos del mundo.

Por eso, afirma que preservar el entorno resulta tan importante como conservar las propias pinturas.
“No puedo mostrar una escena de caza si el paisaje que le da sentido está destruido”, resume.
El cañadón, las bardas y la inmensidad de la estepa no son solamente un marco escénico: forman parte del relato que las paredes continúan transmitiendo.
El privilegio de encontrarse con el original
Cueva de las Manos comparte relevancia internacional con otros grandes conjuntos de arte rupestre, como Altamira, en España, o Chauvet, en Francia.
Sin embargo, existe una diferencia fundamental. Mientras muchos de esos sitios permanecen cerrados al público para garantizar su conservación y solo pueden conocerse mediante réplicas, en Santa Cruz todavía es posible contemplar las pinturas originales en su contexto natural.
“¿Sabés cómo se llama esa burbuja acá? Patagonia”, dice Vázquez, al explicar que las condiciones climáticas y ambientales de la región han contribuido a preservar durante milenios un patrimonio excepcional.

Esa combinación entre conservación y acceso convierte a Cueva de las Manos en un caso singular a nivel mundial: la posibilidad de encontrarse cara a cara con obras realizadas hace miles de años, en el mismo paisaje que les dio origen.
Para quienes desean profundizar la experiencia, el vecino Parque Patagonia ofrece senderos, miradores, áreas de acampe y sectores habilitados para escalada. Juntas, ambas áreas protegidas permiten comprender la verdadera dimensión del territorio: un escenario donde arqueología, naturaleza y cultura conviven de manera inseparable.
Recorrer el cañadón, caminar la estepa y observar las mismas especies animales que aparecen representadas en las pinturas ayuda a entender que la historia de Cueva de las Manos no termina en las paredes de la cueva. Por el contrario, continúa viva en todo el paisaje que la rodea.


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