
Dislexia. Una condición invisibilizada, pero muy presente en las aulas
Señal Calafate
La dislexia tiene origen neurobiológico, está enmarcada dentro de las dificultades específicas del aprendizaje y se caracteriza por causar problemas en la escritura, en la decodificación de palabras y en la fluidez lectora. “No es falta de inteligencia, ni vagancia”, aclaró Melisa Rojo, psicopedagoga de CERIN, Un centro de consultorios interdisciplinarios de terapias de El Calafate, en una entrevista con Señal Calafate. “En la dislexia, el cerebro procesa distinto la información”, sostuvo.
Aproximadamente el 10% y el 15% de la población escolar en nuestro país convive con esta afección. Para la licenciada Rojo, la dislexia en las escuelas “realmente está más presente de lo que se cree. A grandes rasgos diría que puede llegar a haber un caso por grado”.
De acuerdo con Rojo, la clave es diagnosticar a tiempo. “Hace unos años se creía que había que esperar hasta los siete u ocho años, a que terminara el proceso de alfabetización para poder diagnosticar. Hoy se sabe que no es tan así. Para decir que alguien tiene dislexia, la persona tiene que haber aprendido a leer y escribir, y los errores que comete deben persistir por seis meses”, puntualizó la especialista. Sin embargo, existen señales tempranas, “por ejemplo, si a un niño o niña le cuesta, rimar o hacer juegos de palabras, recordar secuencias estructuradas como los días de la semana o los números, eso es algo a tener en cuenta”.
“Me parece importante que tanto padres como docentes puedan reconocer estos indicios. Ellos no van a diagnosticar, pero pueden motivar una consulta con psicopedagogía, informarse y acompañar el proceso de aprendizaje, mirando de cerca”, sostuvo Rojo.
Cuando hay un diagnóstico tardío han pasado muchos años de sufrimiento, desmotivación, baja autoestima. Esto trae aparejado un impacto directo en la calidad de vida. Según explicó la licenciada, arribar a un diagnóstico trae alivio, permite que las personas dejen de dudar de si mismas. “En ocasiones pasan toda una vida creyendo que no son capaces y en realidad es un tema de conocer su condición”, sostuvo.
La dislexia no es necesariamente hereditaria, pero usualmente, una vez que los profesionales brindan una devolución a los padres en la consulta, no es extraño que los progenitores reconozcan ciertos atributos y se identifiquen con situaciones que podrían ser dislexia.
El trabajo interdisciplinario y el rol de la psicopedagogía
La evaluación de parte de la psicopedagogía abarca no sólo la escritura y lectura sino que que incluyen el perfil cognitivo, el nivel de inteligencia, la capacidad de organización, las funciones ejecutivas, emociones, conducta, memoria y atención, entre otras.
Una vez concluida la evaluación, se diseña un plan de acción que usualmente comprende tanto la esfera familiar como la institución educativa. “Es un trabajo en red. Yo siempre recomiendo a los padres que aprendan a delegar. Tienen que saber que hay cosas que van a cuidar y otras que no. El aprendizaje no corresponde solo a la familia, también implica a la escuela e incluso a veces el ámbito profesional. Los terapeutas estamos para colaborar y acercar esas instancias”, sostuvo Rojo.
Para la especialista, lo ideal es que las personas reciban un tratamiento y acompañamiento unificado, con una bajada colectiva a cada una de estas áreas sobre lo que el individuo necesita.
“Es muy importante poner en palabras lo que pasa. Un diagnóstico no es la llegada. Es el punto de partida. La dislexia no tiene cura, pero se aprende a compensar. Uno detecta los errores y trabaja en el tratamiento para corregir los errores. Este trabajo preventivo baja el nivel de frustración que produce convivir con una afección ligada a la lectoescritura”, sintetizó Rojo.




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