
Es más fácil oírla que verla: tras los pasos de la gallineta austral
Señal Calafate
Puede estar a pocos metros, moverse entre los juncos e incluso hacerse escuchar. Aun así, probablemente no la veamos.
La gallineta austral (Rallus antarcticus) pesa unos 65 gramos y está especialmente adaptada para vivir en humedales con vegetación densa. Su cuerpo angosto, sus patas y sus dedos largos le permiten desplazarse por pequeños túneles entre los juncos y el pastizal. Allí encuentra refugio, alimento y un lugar donde reproducirse.
“Muchas veces sabemos que una gallineta está en determinado lugar por su vocalización o porque aparece en una cámara trampa. Es mucho más fácil oírla que verla”, explica Emanuel Jacquier, integrante del equipo que trabaja con la especie en Parque Patagonia.

Quizás esa capacidad para permanecer escondida ayude a entender parte de su historia. Durante casi cuatro décadas no hubo registros confirmados y se llegó a pensar que había desaparecido. Hasta que, en enero de 1998, volvió a ser observada en la estancia La Angostura, en Santa Cruz.
“A partir de ahí comenzaron nuevas búsquedas que permitieron encontrar otras poblaciones en la Patagonia”, cuenta Jacquier. Si bien esos hallazgos confirmaron que la especie no estaba extinta, sigue siendo un ave rara, con poblaciones pequeñas y muy localizadas, sobre cuyo estado todavía existen importantes vacíos de información.
“Al estar estrechamente ligada a los humedales de la estepa patagónica, es posible que su distribución se haya visto afectada por la pérdida y degradación de estos ambientes”, explica.
Seguir a un ave que casi no se deja ver
En la Estación Biológica El Unco, el seguimiento sistemático de la gallineta comenzó en 2019 con cámaras trampa. Para profundizar el conocimiento sobre los individuos y sus movimientos, el equipo necesitaba también capturarlos e identificarlos.
Con el tiempo, desarrollaron un método que permitió capturar y marcar a las aves con una combinación de anillos de colores. Así pueden reconocer a cada ejemplar sin necesidad de atraparlo nuevamente. Luego incorporaron transmisores VHF, que ampliaron la información disponible sobre sus desplazamientos.
A lo largo de estos años, el equipo capturó, anilló e identificó a más de cien gallinetas. Esa cifra corresponde al total de ejemplares registrados durante el seguimiento y no a una estimación de la población actual, que sigue siendo difícil de determinar. Sin embargo, los registros muestran que las aves se reproducen, incorporan nuevos individuos y utilizan sectores donde antes no habían sido detectadas.
“Mientras estudiábamos a las gallinetas, también se trabajaba para recuperar el humedal y el flujo del agua. Se excluyó el ganado y el juncal fue aumentando considerablemente su superficie”, cuenta Jacquier.

Los cambios también comenzaron a reflejarse en el seguimiento de la especie. “Con los años empezamos a registrar gallinetas que estaban utilizando nuevos sectores, reproduciéndose y permaneciendo en el lugar durante distintas temporadas”.
Otro habitante del humedal podría contribuir a ese proceso: el coipo.
“El coipo también forma parte de ese proceso ya que al moverse y alimentarse genera canales y senderos entre la vegetación que las gallinetas utilizan. Todavía estamos estudiando cuánto influye esta interacción, pero el objetivo es no solamente recuperar especies, sino también los procesos y las relaciones entre ellas que hacen funcionar al humedal”, explica Jacquier.
Las que se quedan durante el invierno
Los años de seguimiento permitieron comprobar que algunas gallinetas permanecen en El Unco incluso cuando buena parte del humedal está congelado.
“Posiblemente no todas hagan lo mismo y estemos frente a una población parcialmente migratoria”, señala Jacquier. Determinar si otros ejemplares migran y adónde se dirigen es una de las preguntas que el equipo todavía intenta responder.

También se obtuvieron nuevos datos sobre su reproducción. Los investigadores detectaron dos eventos reproductivos en una misma temporada y, en 2025, siguieron dos nidos activos. Las cámaras mostraron que ambos integrantes de la pareja cuidan a las crías y que los pichones abandonan el nido en menos de 48 horas.
Aún quedan muchas preguntas, entre ellas, qué condiciones necesita la gallineta para permanecer en un lugar.
“Entender qué características tiene un humedal donde la especie permanece, se reproduce y logra atravesar el invierno puede ayudarnos a reconocer qué condiciones deberíamos conservar o recuperar en otros humedales”, explica Jacquier.
Uno de los principales desafíos para los próximos años es conocer con mayor precisión la situación de la gallineta austral en la Patagonia. Persisten vacíos de información sobre su distribución, abundancia y dinámica poblacional.
Para avanzar, el equipo plantea la necesidad de coordinar esfuerzos con las autoridades provinciales y otras instituciones, compartir información y trabajar con criterios comunes. Ese conocimiento permitirá evaluar mejor el estado de sus poblaciones y definir acciones para su conservación.




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