
De la roca al humedal: escaladores ayudaron a restaurar un ecosistema en Santa Cruz
Señal Calafate
En el noroeste de Santa Cruz, el Cañadón Caracoles aparece como un refugio inesperado en medio de la estepa. Allí, las paredes de roca resguardan un humedal que concentra vida y biodiversidad. Fue en ese escenario donde un grupo de escaladores decidió sumar algo más que cuerdas y mosquetones a su visita.
La experiencia reunió a 13 integrantes del grupo Los Cóndores, un colectivo de escalada deportiva de Buenos Aires que viajó hasta el Parque Patagonia para escalar durante varios días. Entre el acampe y las jornadas en la pared, también dedicaron tiempo a colaborar en la restauración de un juncal que forma parte del humedal del cañadón.

La iniciativa surgió luego de que algunos integrantes descubrieran el parque a través de redes sociales y supieran que el cañadón contaba con sectores de escalada deportiva. Más tarde, al asistir a una charla sobre escalada regenerativa en el Centro Andino Buenos Aires, conocieron en profundidad el trabajo de restauración que se desarrolla en esta zona de la Patagonia.
“Ahí nos enteramos sobre la iniciativa del parque, el proyecto de restauración y sus objetivos. Entonces decidimos proponer alguna colaboración”, contó Joaquín de Hero, uno de los integrantes del grupo. A partir de ese momento comenzaron a planificar el viaje.
Un paisaje inesperado en la estepa
Para los escaladores, el Cañadón Caracoles resultó una sorpresa.
“Muchos escaladores solemos pasar por esa zona solo como un lugar de transición hacia la cordillera. No nos esperábamos encontrar un sitio de estas características escondido en medio de la estepa”, relató Joaquín.
En el fondo del cañadón, los paredones de roca protegen al humedal del viento. Joaquín explica que esas paredes forman “un refugio frente a los fuertes vientos y el sol”, un espacio donde la vida se concentra en medio de un entorno árido.

“El cañadón está lleno de vida. Zorros, hurones, cuises y muchas especies más habitan el humedal y te los encontrás apenas bajás del auto. Al mirar al cielo es común ver cóndores volando, y en las terrazas del cañadón, si tenés suerte, podés llegar a ver un puma descansando”, describe.
Cuando escalar también puede restaurar
El grupo permaneció seis días en el lugar. Acamparon cerca del sector de escalada y organizaron la logística para mantenerse de manera autosuficiente durante toda la estadía.
“Al ser escaladores estamos acostumbrados a la logística de acampe, pero el desafío fue la escasez de agua. Lo resolvimos llevando un tanque de 200 litros en la camioneta, lo que nos permitió abastecernos durante toda la estadía”, explicó.
Las jornadas combinaron escalada con descanso. Y fue justamente en uno de esos días sin actividad en la pared cuando participaron en la plantación de juncos para fortalecer el humedal.
“Normalmente los días de descanso pueden ser un poco aburridos, pero en el Cañadón pudimos aprovechar para hacer algo distinto y aportar desde otro lugar”, contó.

La experiencia también modificó la manera en que el grupo observa el entorno.
“Como escaladores conocemos el concepto de ‘no dejar rastro’, pero participar de la restauración nos hizo dimensionar el trabajo que hay detrás del parque. Entendimos la importancia del humedal y cómo nuestras acciones impactan directamente en la fauna que depende de él”, explicó.
Durante la jornada también aprendieron sobre el funcionamiento del ecosistema y el trabajo de conservación que se desarrolla en el lugar.
“Nos sorprendió ver cómo controlan las especies invasoras para que no consuman el agua y cómo el juncal ayuda a retenerla en todo el sector. Aprendimos a leer el paisaje de otra manera, viendo no solo vías de escalada, sino un ecosistema vivo”.

De “no dejar rastro” a restaurar
La experiencia también dejó una reflexión más amplia sobre el vínculo entre deporte y naturaleza.
Joaquín explica que la llamada “escalada regenerativa” propone ir un paso más allá del clásico principio de no dejar rastro. “Le da un rol activo al escalador dentro del ambiente que visita”, señala.
En la comunidad de escaladores ya existen prácticas incorporadas, como el manejo responsable de residuos o el cuidado de los sitios donde se escala. Sin embargo, el crecimiento del deporte también abre nuevos sectores y plantea discusiones sobre su impacto, desde el uso del magnesio hasta la creación de senderos sin planificación.
En ese contexto, sostiene, la escalada regenerativa “puede convertirse en una herramienta concreta para la conservación y la restauración de distintos ecosistemas”.


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